domingo, 27 de junio de 2010

...then we take Berlin

Estamos en el Mitte, el centro de la capital alemana, muy cerca de las calmas aguas del Spree. Un parque arbolado nos repara del sol abrasador de un mediodía de agosto. El recorrido en silencio se ve súbitamente interrumpido por una simpática voz infantil: "Wer sind diese Männer, Oma?"
 La niña tironea con impaciencia de la mano de su abuela, curiosa por aprehender un pedazo de su historia. Ante nosotros se yergue una imponente estructura de bronce, acero y mármol.
"Estos hombres soñaron un mundo justo, un mundo mejor para todos, mein Schatz", responde la Oma embargada por una mezcla de nostalgia y orgullo.
La pequeña corre hacia el Denkmal y, con ayuda de su abuelo, se acomoda sobre las rodillas de ese hombre que fuera su tatarabuelo histórico, un señor llamado Karl Marx; y posa sus ojos sobre ese otro señor de pie, aquel que supo ser socio y compañero del manifiesto. "Schau mal!", exclama a lo lejos.
 La imagen queda congelada en la vieja Kodak de esa Oma que quince años atrás viviera de un otro lado del muro. Nosotros actuamos por imitación, congelando no sólo la imagen en nuestras digitales, sino también sus resonantes palabras. La niña sonríe, festejando nuestra complicidad.


Nada sabe acerca de los años luz que tristemente separan una ideología de la realidad.

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